Diego Petersen: Marcelo: Agárrenme que me les voy

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Finalmente, Marcelo vio lo que todos veían, se dio cuenta de lo evidente y denunció lo que ya se decía: que en los mítines, que no asambleas informativas sobre el devenir de la Cuarta Transformación, hay acarreos; que hay apoyo diferenciado del partido Morena y de las instancias de Gobierno a la candidata Claudia Sheinbaum; que todos los candidatos han gastado más de la autorizado por el partido y por el INE, y que hay una campaña basada en encuestas pagadas para hacer parecer que Claudia es inalcanzable. Todo eso es cierto, pero más lo es que la mayoría de la encuestas serias, las que no están en el esquema negociado con la campaña de Claudia, también dicen que Sheinbaum tiene una preferencia de entre seis y ocho puntos mayor al segundo lugar, que es Ebrard, y que, a 15 días de que se levante la encuesta oficial, parece una ventaja imposible de revertir. Por supuesto que el resultado que se dé a conocer en septiembre puede ser diferente (la magia de la política está en que la voluntad de uno puede cambiar la voluntad de todos) el problema es cómo procesar internamente ese bandazo y externamente lo que más bien parecería un dedazo.

El mensaje de Marcelo tiene un solo destinatario: el Presidente de la República. En el fondo lo que dijo el ex canciller fue yo estoy aquí, jugando con las reglas que tú pusiste, pero no se te olvide que me debes una. Los deudores en la política -y en la vida real- suelen tener mala memoria. Son los acreedores quienes viven en el reclamo y haciendo cuentas de qué harían si finalmente les pagan lo que les deben. Aferrarse a eso es una mala idea, pues ni el Presidente ni ningún otro político reconocerán una deuda como la que Ebrard quiere cobrar.

El único sentido que tiene el mensaje del ex canciller es la amenaza de la ruptura. Lo advirtió y lo hizo en una entrevista con La Jornada, el medio oficial del obradorismo, de manera que nadie pudiera llamarse a engaño o el Presidente no se diera por aludido: sólo me iría si me hacen una “chicanada”, si la elección no es pareja. La conferencia de prensa del miércoles es la segunda llamada a la ruptura. Sin hablar de ella lo que construyó fue el escenario de la “chicanada” de manera que en septiembre tenga todos los argumentos para irse a los brazos de otro partido. Es un grito desesperado de “agárrenme que me les voy”.

El escenario de la ruptura tiene enormes riesgos para Marcelo Ebrard y hoy por hoy no es el más factible. En el remoto caso de que esto sucediera y Marcelo acabara en la boleta como candidato de MC, la pregunta es: ¿a quién le quita más votos, a Claudia o a Xóchitl? Me temo que mucho más a la posible candidata del Frente, porque la base de Morena estará con lo que diga el Presidente.

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