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Así fueron detenidos los tripulantes del narcosubmarino de Galicia

«Vimos un vehículo, nos pareció raro e identificamos a la persona. Le revisamos el maletero y comprobamos que llevaba bolsas con ropa y barritas energéticas. Dijo que el coche era de su hermana, que había discutido con su novia y que estaba allí relajándose. Hablamos con la central y estaba limpio, por lo que le dejamos ir». Así comenzó la secuencia que acabó con la detección del narcosubmarino en aguas de Aldán y la detención, uno tras otro, de los tripulantes. Fue el primer semisumergible (y único hasta la fecha) incautado en Europa. El relato tuvo lugar este martes en la Audiencia de Pontevedra, España, a cargo los dos agentes de la Guardia Civil que estaban desplegados en la zona, en el marco del juicio por aquellos hechos que se celebra estos días en la capital del Sur de Galicia.

Diario de Pontevedra

Tras dejar marchar al vehículo, que tenía las luces encendidas en dirección a una zona de rocas (su conductor era uno de los amigos de Agustín, piloto gallego del semisumergible, que supuestamente acudía para ayudarle) los guardias vieron otra luz procedente precisamente de aquellas rocas. Se acercaron y comprobaron que eran las siluetas de tres personas.

«Fuimos por el sendero y vimos a tres hombres que llevaban algo en la mano. Empezamos a seguirles. Ellos iban por una zona de piedras, nosotros por el camino. Una vez que llegamos a la playa (O Foxo, Aldán) ya nos vieron, y empezaron a correr. Nosotros nos dividimos y echamos a correr para intentar detenerles».

Después de unos instantes de persecución y en la completa oscuridad de la noche, los guardias perdieron a dos de los sospechosos que acababan de bajarse del batiscafo a unos 20 metros de la playa, pero cercaron al tercero. «Se había tirado al agua, estaba flotando, muy cansado, con el traje de neopreno. Le ayudamos a salir, él no era capaz. Le dejamos recobrar el aliento y avisamos a la central». El primer narcosubmarino transoceánico había sido descubierto, así como sus tres tripulantes. El segundo de ellos (como el ya detenido, de nacionalidad ecuatoriana), cayó horas más tarde a varios kilómetros de distancia, en una carretera. El tercero, Agustín Á., conocedor del terreno, se refugió en una casa deshabitada próxima al lugar, en la que permaneció cinco días hasta que fue detenido por el Greco Galicia de la Policía. «Tenía los labios cuarteados de no beber y vestía el neopreno. Le llevamos al hospital», dijo uno de los agentes.

El último en intervenir fue el inspector del Grupo II de la Udyco pontevedresa, que explicó su participación en el operativo y en las posteriores indagaciones en relación con la compra de la ropa que uno de los acusados llevaba para entregar a los tripulantes aquella noche.

Antes que él, el jefe del Grupo I de Greco Galicia explicó que «era evidente que la intención de Agustín, una vez que logró huir, era contactar con alguien para que fuese a ayudarle».

Las partes en litigio renunciaron a los testimonios de los peritos de forma presencial, dando por buenos los informes previos presentados de forma previa. Por ello, la vista concluyó antes de lo previsto.

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